jueves, 13 de noviembre de 2008
Cuando pase el tiempo, acuérdate. Acuérdate de que nos mirábamos fijamente a los ojos mientras follábamos, que el mundo se paraba entre tus ojos y los míos, que nos decíamos tantas cosas sin decirlas porque no nos atrevíamos. Acuérdate de que pensábamos la una en la otra miles de veces al día, tantas que podríamos haber enfermado de tanta pasión. Acuérdate de que lloraste aquella vez y de que yo simplemente te abracé por todo el dolor que tenías. De que todo mi dolor se arremolinaba en torno a la idea de perderte. De que el mundo sucumbió ante nosotras y nosotras lo miramos caer sin intervenir, sin tocarlo apenas para evitar la tragedia. Extasiadas ante la magnitud de la catástrofe que se cernía ante nuestra mirada perpleja, con el miedo y la incertidumbre de ser las responsables de una guerra que no quisimos pero que provocamos con gusto. Entre tus manos, mis piernas, tus nalgas y mis labios se gestó la bomba. Ahí está el resultado. Aquí. Recuérdalo porque es nuestro. Recuérdalo porque lo creamos juntas. Y no te olvides nunca porque no habrá otro igual. No habrá quien lo entienda, no habrá quienes expidan tal cantidad de pasión en un solo parpadeo.
domingo, 9 de noviembre de 2008
¿El mundo? ¿Dónde?
Una bofetada. Otra. Otra. El dolor de la mandíbula, el picor en la piel de mi mejilla me obligan a gemir, a cerrar los ojos, a encogerme. Me retuerzo y me aprieto fuerte contra su cadera. La tengo enlazada entre mis piernas y los muslos me duelen al estrechar sus huesos. Tírame del pelo, arráncame la ropa, muerde. Lo que hace un segundo me dolía, ahora sólo me genera ansias de más. Quizá la guerra ya haya estallado. Pégame de nuevo.
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