jueves, 25 de diciembre de 2008

Eres Dios

Es el enorme agujero que llevo dentro. Es todo lo muerto que hay en mi. Es una tristeza infinita que lo cubre todo. Es la certeza de que nunca cambiara nada. De que mi estado natural es la negacion y solo puedo decirle si al amor. Si a tu cuerpo, si a tu sonrisa, si a tu saber vivir. Si a tu pelo sobre mi almohada y a tu fresca ironia. A veces lo invado todo con mi dolor pero quisiera no hacerlo. Quiero evitarlo, aunque a veces me resulte imposible, porque te lo mereces, porque tu eres el unico Dios que me sirve. Eres Dios.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Cuando pase el tiempo, acuérdate. Acuérdate de que nos mirábamos fijamente a los ojos mientras follábamos, que el mundo se paraba entre tus ojos y los míos, que nos decíamos tantas cosas sin decirlas porque no nos atrevíamos. Acuérdate de que pensábamos la una en la otra miles de veces al día, tantas que podríamos haber enfermado de tanta pasión. Acuérdate de que lloraste aquella vez y de que yo simplemente te abracé por todo el dolor que tenías. De que todo mi dolor se arremolinaba en torno a la idea de perderte. De que el mundo sucumbió ante nosotras y nosotras lo miramos caer sin intervenir, sin tocarlo apenas para evitar la tragedia. Extasiadas ante la magnitud de la catástrofe que se cernía ante nuestra mirada perpleja, con el miedo y la incertidumbre de ser las responsables de una guerra que no quisimos pero que provocamos con gusto. Entre tus manos, mis piernas, tus nalgas y mis labios se gestó la bomba. Ahí está el resultado. Aquí. Recuérdalo porque es nuestro. Recuérdalo porque lo creamos juntas. Y no te olvides nunca porque no habrá otro igual. No habrá quien lo entienda, no habrá quienes expidan tal cantidad de pasión en un solo parpadeo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

¿El mundo? ¿Dónde?

Una bofetada. Otra. Otra. El dolor de la mandíbula, el picor en la piel de mi mejilla me obligan a gemir, a cerrar los ojos, a encogerme. Me retuerzo y me aprieto fuerte contra su cadera. La tengo enlazada entre mis piernas y los muslos me duelen al estrechar sus huesos. Tírame del pelo, arráncame la ropa, muerde. Lo que hace un segundo me dolía, ahora sólo me genera ansias de más. Quizá la guerra ya haya estallado. Pégame de nuevo.

jueves, 23 de octubre de 2008

Muertos desde siempre

La muerte se siente los jueves por la tarde cuando el sol se ha puesto. Sales de la ducha y la noche ha caído sin avisar. El día es una vida que se muere a esa justa hora si no la resucita algo. El teléfono se convierte en el reino de los cielos si suena. Si no, algo mucho más insulso que el infierno crece en la boca del estómago. La pérdida de interés por la vida se hace, en ese momento, total. ¿Qué hacemos los vivos? Esperamos estúpidamente a que esa hora maldita llegue. Nos sentamos en el autobús y nos bajamos todos en la misma parada. ¿Qué valor puede tener haber hecho el recorrido de una u otra forma, a una velocidad u otra? Sólo importa que la línea muere ahí, que aunque lo haya, no hay mañana sino repetición. Que la interrupción es sólo una fantasía y la diferencia una invención francesa.
Pongo mi vida al abrigo de otro cuerpo porque yo sola no puedo sostenerla. No podría tolerar su inexorabilidad y necesito que alguien más la contenga, la recoja y la acoja para que a mí se me pueda olvidar que existe. Pero el otro cuerpo devuelve la mirada. La vida, mi vida, rebota y me es devuelta para que la gestione. La vida me vuelve una y otra y vez en tardes de jueves y mañanas de domingo, después de colgar el teléfono sin decir adiós.

lunes, 18 de agosto de 2008

Lunes en la playa

En un juego imposible de luces y sombras, los rayos de sol daban un resultado nuevo. El vello finisímo era blanco sobre una piel ardida por mi insistencia. Las mejillas enrojecidas por un rubor obsceno diciéndome "eres tú". Las pestañas abanicando la tarde. El dolor latente envolviendo su cuerpo en un halo misterioso.
Tienes a alguien enfrente y no sabes quién es. Dudas de si ya te has convertido en ella. Quizá vivas en algún recoveco de su regazo. No sería tan extraño descubrir que llevas varios meses sin aparecer por casa porque te has instalado en su cuello, no sería tan extraño levantarse una mañana y verse en el bolsillo de su pantalón esperando una nueva señal. La miras tan intensamente que ya no sabes de quién son los ojos. Lo miras todo como si fueras otra persona, te has desposeído. Habitas otro ser sin pretender volver jamás. ¿A dónde quieres volver, si para ti no hubo más que amarla, siempre?

viernes, 1 de agosto de 2008

Entre tu boca y la mía
una corriente de aire
un remolino eterno
un huracán indeciso
esperando arrasarlo todo.

Las curvas del aire sobre tu cintura

La mirada imprecisa,
el trazo concreto,
mi cuello marcado por sus yemas.
¿Un gemido o un lamento?
Un aullido antes del último portazo.
-Siempre te vas.
-Tengo que.
El sueño dulce,
el dolor de mandíbula,
la placidez mezclada
con esta broma de mal gusto,
con la pérdida,
con el descaro,
con tu piel fantásticamente extranjera.
Todo me es absolutamente
irrenunciable.

miércoles, 30 de julio de 2008

A veces parpadea muy rápido y otras muy lento. A veces, finge tener algo en el ojo que le permite aletear hasta hacerme creer que es una mariposa. Otras veces, fija la mirada en la mía como si nunca más fuera a necesitar pestañear. Me mira mientras me toca, me obliga a tener conciencia de lo que ocurre, me deja atrapada en la oscura red de nuestro tormento cotidiano. Quiero disfrutar y no puedo: se irá sin dejar rastro. ¡Que se vaya! Yo no pido nada. Nunca le pedí nada. Me lo dio todo sin preguntarme si lo quería, sólo porque sabía que yo estaría ahí para recogerlo. Yo no le pedí que se metiera en mi cama, no le pedí que me pusiera nombres, nunca deseé más de un polvo. Pero ella dirá "si yo no hice nada..." mientras la observo atónita. El deseo oprime la garganta y la boca del estómago. No se le puede dejar ahí.

Que sí que no

La situación es complicada. Morimos por estar la una con la otra, pero nos lo impedimos porque nos da más morbo. Muy a menudo, el morbo se torna dolor. La miro y sólo sé que quiero irme a casa con ella, ¿a qué estamos jugando? Sin embargo, ahí estamos, fingiendo que discutimos, fingiendo que conversamos, fingiendo que no nos importa que la otra esté o no ahí. Se va en el coche de su novia y pienso que todo es mentira. Pienso que ella es la copiloto más infeliz del mundo, que se lamenta cada metro que avanza en dirección contraria a la mía, que está en un profundo error del que no quiere salir. Pero, ¿y yo? ¿Me atrevo?
Ya me he atrevido. Estoy aquí por ti, maldita dragona.

lunes, 28 de julio de 2008

Inaugurando

Este blog nace de la necesidad de hablar.
Yo tenía una carrera y unas aspiraciones. Tenía una pareja, una casa y una tostadora de la que cada mañana salían tostadas calientes. Tenía un balcón a la calle, mis noches de insomnio (las menos) y mis noches de beatitud (las más). Una bicicleta, un barrio, mis puestos del mercado favoritos.
La hermosa Dragona Clandestina irrumpió en mi cabeza y me cambió el nombre. No fue cosa de un día. Inoculó su veneno en mí y me hizo desearla hasta olvidar mi nombre. Lo fui perdiendo todo. Abandoné cuanto era cierto para quedarme con ella en el mar más inestable, me subí al islote desde el que ella me cantaba y no me tapé los oídos. Lo hice a propósito. No defendí mis posiciones. Quería irme con ella: el naufragio era mi mejor opción, no se puede estar siempre a flote. No resistí ni una de sus llamadas, no fingí jamás no quererla. Ligera de equipaje al fragor de la batalla que se libra cada tarde en el ring de mi cama. Sé que me arrepentiré pero no tengo miedo. Sé que no hay nada fuera de su boca.