martes, 20 de enero de 2009

Crimen y castigos

¡Ah, sí! ¡Los castigos!
Están los castigos autoinfligidos, los del autoboicot. Esos en los cuales una le pone trabas a su propia felicidad. ¡Hay tantos de esos! Nos obligamos a hacer cosas que no queremos, nos impedimos decir lo que nos da la gana... Tememos equivocarnos si seguimos nuestro propio impulso pero cuando al fin constatamos que la naturalidad es siempre lo mejor, a veces es tarde. ¿Por qué no decirle que la quieres? ¿Por qué no pronunciar todas esas palabras que revolotean en torno a su cuerpo, a su mirada, nuestra cama? No le digas que la necesitas, no le digas que es la primera, no le digas que ya no sabes cómo te las apañabas antes para vivir sin ella. No se lo digas porque la vas a asustar, porque se sentirá excesivamente halagada, porque te verá como a un perrito con sarna. ¿Y por qué coño no decirlo? ¿Por qué callarse lo que se siente, por qué no leerle todos los poemas que hablan de ella? Porque nos han educado para la represión.

Luego están los castigos que te infligen los demás, y, entre estos, cabe diferenciar los que se aceptan con sumisión, con gusto o delirio de los que se rechazan y llaman a la rebelión. Cuando te has decidido por no reprimirte, cuando le has dicho que la necesitas, que es la primera, que no sabes cómo te las apañabas antes para vivir sin ella, entonces es cuando ella se va de tu lado, no yéndose, sino huyendo.

Y vuelves atrás y piensas si no será mejor aplicarse la pena una misma en lugar de esperar a que el castigo sea mayor y la bofetada le duela de verdad a ese extraño que es el yo.

Maldita Dragona, no es fácil lidiar con tus siete cabezas pero la lucha merece la pena.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Eres Dios

Es el enorme agujero que llevo dentro. Es todo lo muerto que hay en mi. Es una tristeza infinita que lo cubre todo. Es la certeza de que nunca cambiara nada. De que mi estado natural es la negacion y solo puedo decirle si al amor. Si a tu cuerpo, si a tu sonrisa, si a tu saber vivir. Si a tu pelo sobre mi almohada y a tu fresca ironia. A veces lo invado todo con mi dolor pero quisiera no hacerlo. Quiero evitarlo, aunque a veces me resulte imposible, porque te lo mereces, porque tu eres el unico Dios que me sirve. Eres Dios.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Cuando pase el tiempo, acuérdate. Acuérdate de que nos mirábamos fijamente a los ojos mientras follábamos, que el mundo se paraba entre tus ojos y los míos, que nos decíamos tantas cosas sin decirlas porque no nos atrevíamos. Acuérdate de que pensábamos la una en la otra miles de veces al día, tantas que podríamos haber enfermado de tanta pasión. Acuérdate de que lloraste aquella vez y de que yo simplemente te abracé por todo el dolor que tenías. De que todo mi dolor se arremolinaba en torno a la idea de perderte. De que el mundo sucumbió ante nosotras y nosotras lo miramos caer sin intervenir, sin tocarlo apenas para evitar la tragedia. Extasiadas ante la magnitud de la catástrofe que se cernía ante nuestra mirada perpleja, con el miedo y la incertidumbre de ser las responsables de una guerra que no quisimos pero que provocamos con gusto. Entre tus manos, mis piernas, tus nalgas y mis labios se gestó la bomba. Ahí está el resultado. Aquí. Recuérdalo porque es nuestro. Recuérdalo porque lo creamos juntas. Y no te olvides nunca porque no habrá otro igual. No habrá quien lo entienda, no habrá quienes expidan tal cantidad de pasión en un solo parpadeo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

¿El mundo? ¿Dónde?

Una bofetada. Otra. Otra. El dolor de la mandíbula, el picor en la piel de mi mejilla me obligan a gemir, a cerrar los ojos, a encogerme. Me retuerzo y me aprieto fuerte contra su cadera. La tengo enlazada entre mis piernas y los muslos me duelen al estrechar sus huesos. Tírame del pelo, arráncame la ropa, muerde. Lo que hace un segundo me dolía, ahora sólo me genera ansias de más. Quizá la guerra ya haya estallado. Pégame de nuevo.

jueves, 23 de octubre de 2008

Muertos desde siempre

La muerte se siente los jueves por la tarde cuando el sol se ha puesto. Sales de la ducha y la noche ha caído sin avisar. El día es una vida que se muere a esa justa hora si no la resucita algo. El teléfono se convierte en el reino de los cielos si suena. Si no, algo mucho más insulso que el infierno crece en la boca del estómago. La pérdida de interés por la vida se hace, en ese momento, total. ¿Qué hacemos los vivos? Esperamos estúpidamente a que esa hora maldita llegue. Nos sentamos en el autobús y nos bajamos todos en la misma parada. ¿Qué valor puede tener haber hecho el recorrido de una u otra forma, a una velocidad u otra? Sólo importa que la línea muere ahí, que aunque lo haya, no hay mañana sino repetición. Que la interrupción es sólo una fantasía y la diferencia una invención francesa.
Pongo mi vida al abrigo de otro cuerpo porque yo sola no puedo sostenerla. No podría tolerar su inexorabilidad y necesito que alguien más la contenga, la recoja y la acoja para que a mí se me pueda olvidar que existe. Pero el otro cuerpo devuelve la mirada. La vida, mi vida, rebota y me es devuelta para que la gestione. La vida me vuelve una y otra y vez en tardes de jueves y mañanas de domingo, después de colgar el teléfono sin decir adiós.

lunes, 18 de agosto de 2008

Lunes en la playa

En un juego imposible de luces y sombras, los rayos de sol daban un resultado nuevo. El vello finisímo era blanco sobre una piel ardida por mi insistencia. Las mejillas enrojecidas por un rubor obsceno diciéndome "eres tú". Las pestañas abanicando la tarde. El dolor latente envolviendo su cuerpo en un halo misterioso.
Tienes a alguien enfrente y no sabes quién es. Dudas de si ya te has convertido en ella. Quizá vivas en algún recoveco de su regazo. No sería tan extraño descubrir que llevas varios meses sin aparecer por casa porque te has instalado en su cuello, no sería tan extraño levantarse una mañana y verse en el bolsillo de su pantalón esperando una nueva señal. La miras tan intensamente que ya no sabes de quién son los ojos. Lo miras todo como si fueras otra persona, te has desposeído. Habitas otro ser sin pretender volver jamás. ¿A dónde quieres volver, si para ti no hubo más que amarla, siempre?

viernes, 1 de agosto de 2008

Entre tu boca y la mía
una corriente de aire
un remolino eterno
un huracán indeciso
esperando arrasarlo todo.