lunes, 28 de julio de 2008

Inaugurando

Este blog nace de la necesidad de hablar.
Yo tenía una carrera y unas aspiraciones. Tenía una pareja, una casa y una tostadora de la que cada mañana salían tostadas calientes. Tenía un balcón a la calle, mis noches de insomnio (las menos) y mis noches de beatitud (las más). Una bicicleta, un barrio, mis puestos del mercado favoritos.
La hermosa Dragona Clandestina irrumpió en mi cabeza y me cambió el nombre. No fue cosa de un día. Inoculó su veneno en mí y me hizo desearla hasta olvidar mi nombre. Lo fui perdiendo todo. Abandoné cuanto era cierto para quedarme con ella en el mar más inestable, me subí al islote desde el que ella me cantaba y no me tapé los oídos. Lo hice a propósito. No defendí mis posiciones. Quería irme con ella: el naufragio era mi mejor opción, no se puede estar siempre a flote. No resistí ni una de sus llamadas, no fingí jamás no quererla. Ligera de equipaje al fragor de la batalla que se libra cada tarde en el ring de mi cama. Sé que me arrepentiré pero no tengo miedo. Sé que no hay nada fuera de su boca.

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